Institución
Niveles educativos
Tipo de institución ejecutora
Inicio de implementación
Alcance y cobertura desde el 2023 al 2025
Evaluaciones realizadas
Contacto
Descripción del problema u oportunidad que motiva la iniciativa y el contexto en el que se implementa.
Principales componentes, actividades y enfoque de implementación para abordar el desafío identificado.
Fundamentos teóricos, experiencias previas y evidencia que respalda el diseño de la iniciativa.
Resultados alcanzados y evidencia disponible sobre su implementación y efectos.
El consumo de sustancias y las conductas sexuales de riesgo siguen siendo frecuentes en la adolescencia en Chile, pese a su disminución en la última década. Según el 15° Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar (SENDA, 2025), el 22,7% de los estudiantes de 8° básico a 4° medio declaró haber consumido alcohol en el último mes y el 19,1% consumió marihuana en el último año. Además, solo el 54% de los jóvenes utilizó preservativo en su última relación sexual (INJUV, 2022).
Estas conductas pueden afectar la salud física y mental de las y los adolescentes, aumentando el riesgo de dependencia, problemas de salud mental, infecciones de transmisión sexual y embarazo adolescente (OMS, 2023). También pueden perjudicar su trayectoria educativa, asociándose con bajo rendimiento, dificultades de convivencia, ausentismo, repitencia y deserción escolar. En Chile, este grupo etario representa cerca de 2,5 millones de personas de entre 10 y 19 años (Censo 2024).
La iniciativa identifica en la familia y el entorno las principales causas sobre las que busca actuar (Bronfenbrenner, 1979; Olson, 2000): los conflictos familiares, la escasa comunicación, la baja supervisión y los estilos de crianza negligentes o permisivos aumentan la probabilidad de consumo y de conductas sexuales de riesgo, mientras que las familias cohesionadas, con buena comunicación e involucramiento parental, actúan como factor protector. En esta misma línea, en estudios de SENDA (2025), se observa menor consumo de sustancias en adolescentes cuyos cuidadores realizan conductas de monitoreo e involucramiento.
Familias Unidas es un programa de prevención centrado en la familia, desarrollado por la Universidad de Miami e implementado en Chile por la Fundación San Carlos de Maipo desde 2015, bajo licencia de dicha universidad. Trabaja con madres, padres y cuidadores de adolescentes de 11 a 16 años, a quienes busca convertir en agentes de cambio de sus propias familias, fortaleciendo la comunicación, el involucramiento y la supervisión parental como factores protectores frente a las conductas de riesgo.
El programa se implementa en tres ciclos al año, de 12 semanas cada uno, en coordinación con establecimientos educacionales y otras instituciones. Desde el año 2020, se ofrece principalmente en modalidad online, lo que ha permitido llegar a familias de distintas regiones y zonas rurales. Se organiza en tres componentes:
Según su teoría de cambio, el desarrollo de estas habilidades mejora el funcionamiento familiar y contribuyen a prevenir el consumo de sustancias y las conductas sexuales de riesgo.
La calidad de la implementación se resguarda mediante manuales detallados para facilitadores, supervisión técnica y clínica, evaluación de la adherencia al modelo a partir de sesiones videograbadas, estrategias de enganche y retención de familias, y una plataforma propia de seguimiento.
Además, cada establecimiento designa una contraparte que apoya la convocatoria y coordinación con las familias.
Familias Unidas es la adaptación chilena del programa homónimo desarrollado por la Universidad de Miami para familias hispanas en Estados Unidos. Su base teórica es el marco ecodesarrollista (Szapocznik y Coatsworth, 1999), que plantea que las conductas de riesgo adolescentes dependen de la interacción entre familia, pares y escuela, y que la familia es el sistema más eficaz para prevenirlas.
El modelo original ha sido evaluado en varios ensayos controlados aleatorizados en Estados Unidos. Prado et al. (2007) y Pantin et al. (2009) mostraron reducciones en el consumo de cigarrillos y drogas ilícitas, en las conductas sexuales de riesgo y en los trastornos externalizantes, efectos explicados en parte por la mejora del funcionamiento familiar. Con jóvenes infractores, Prado et al. (2012) encontraron menor consumo de sustancias y de dependencia al alcohol, con un tamaño de efecto grande en la trayectoria de consumo (d = 1,06). En un ensayo con 746 estudiantes de escuelas públicas de Miami, con el programa a cargo del propio personal escolar, Estrada et al. (2017) confirmaron su efectividad en condiciones reales.
En Ecuador, un ensayo en dos escuelas públicas de Guayaquil (Estrada et al., 2023) mostró efectos indirectos sobre los problemas de conducta a través de la mejora del funcionamiento familiar. En Chile, el programa formó parte del Sistema Lazos de la Subsecretaría de Prevención del Delito entre 2019 y 2022. Ese último año fue evaluado por el Banco de Programas Mi Brújula, obteniendo el puntaje máximo en la dimensión de evidencia de efectos, al contar con una evaluación pertinente a su diseño, sustentada en una metodología claramente definida y con suficiente poder estadístico para establecer asociación entre la intervención y los resultados esperados.
La Fundación San Carlos de Maipo evalúa cada ciclo del programa en Chile mediante encuestas a cuidadores antes y después de la intervención, las cuales miden el funcionamiento familiar, la comunicación, el involucramiento y el monitoreo parental, utilizando principalmente escalas estandarizadas, además de una encuesta de satisfacción.
En 2025, 124 cuidadores fueron evaluados al inicio y al cierre del programa, con una retención de 84,9% y un 89,5% que completó la dosis recomendada. El informe de resultados de la Fundación registra mejoras estadísticamente significativas en todas las escalas válidas. Los mayores efectos se observaron en involucramiento parental (7,1%; η² = 0,30), apertura a la comunicación (7,9%; η² = 0,25) y disminución de problemas de comunicación (9,5%; η² = 0,16), todos de tamaño grande. El monitoreo parental y la parentalidad positiva mostraron efectos medianos. Los ciclos 2023 y 2024 presentan resultados similares.
Además, en 2025 aumentó la percepción de riesgo de los cuidadores frente al consumo de marihuana, cocaína y pasta base.
Estas evaluaciones pre-post, que utilizan escalas propias del modelo, son aplicadas por la propia Fundación sin grupo de control, por lo que no permitirían atribuir causalmente los cambios observados. Sin embargo, los resultados obtenidos en Chile muestran una evolución consistente con los efectos y evidencia de impacto observados en Estados Unidos y Ecuador.
Los resultados en satisfacción usuaria son altos: el 100% de los participantes recomendaría el programa a otras familias, reflejando una valoración positiva de la experiencia y su pertinencia de apoyo a los cuidadores en su rol parental.
Revisa y descarga la documentación disponible de la iniciativa.