Institución
Niveles educativos
Tipo de institución ejecutora
Foco
Inicio de implementación
Alcance y cobertura desde el 2023 al 2025
Evaluaciones realizadas
Contacto
Descripción del problema u oportunidad que motiva la iniciativa y el contexto en el que se implementa.
Principales componentes, actividades y enfoque de implementación para abordar el desafío identificado.
Fundamentos teóricos, experiencias previas y evidencia que respalda el diseño de la iniciativa.
Resultados alcanzados y evidencia disponible sobre su implementación y efectos.
El docente es el factor escolar que más influye en los aprendizajes de los estudiantes, y los primeros años de ejercicio son decisivos para su desarrollo y permanencia en la profesión. Para apoyarlos, el Sistema de Desarrollo Profesional Docente (Ley 20.903, 2016) instauró el derecho a inducción y mentoría para los docentes principiantes. Sin embargo, el componente de acompañamiento, que es el que cuenta con mayor evidencia de efectividad sobre los aprendizajes, es el que no se ha logrado implementar: su cobertura no ha superado cerca del 1% de los docentes noveles elegibles, ni el 5% en su mejor año (PNUD, 2023).
Chile está muy por debajo del promedio OCDE en esta materia: solo el 7% de los docentes noveles declara tener un mentor asignado, frente al 22% en la OCDE (TALIS 2018). Cada año ingresan cerca de 10.598 nuevos docentes y educadores de párvulos al sistema (SIES–Mineduc, 2025), lo que deja a casi 21.000 docentes sin acompañamiento en sus primeros años.
La iniciativa identifica tres causas de esta brecha: la capacidad limitada del plan nacional de inducción y mentoría, una gestión centralizada con poca pertinencia local, y barreras institucionales en los establecimientos para que la mentoría ocurra. Como consecuencia, el acompañamiento no llega a las aulas, se debilita la retención docente y se resiente el clima escolar, con efectos sobre los aprendizajes de los estudiantes.
El Diplomado en Mentoría de la Fundación Impulso Docente forma a docentes y líderes educativos con experiencia para que acompañen a docentes y educadores de párvulos de su mismo establecimiento. Son los directivos quienes asignan las duplas mentor–docente acompañado dentro de su equipo, lo que mejora el calce y la pertinencia del acompañamiento. La formación es práctica: cada participante debe mentorear a otro docente durante el programa y evidenciar su trabajo en video.
El diplomado dura seis meses (abril a octubre) y suma 150 horas pedagógicas entre formación, trabajo autónomo y la realización de dos ciclos completos de Observación y Retroalimentación (O y R). Es 100% virtual, con una dedicación de 4 horas semanales: combina sesiones sincrónicas por Zoom, trabajo asincrónico en Moodle y análisis de clases en video en Sibme, que ofrece una videoteca de prácticas ejemplares, y culmina con la certificación CPEIP de los participantes que cumplen los requisitos de la Ley 20.903. Se organiza en tres componentes:
Según su teoría de cambio, estos componentes producen mentores competentes, que sostienen más y mejores acompañamientos y que mejoran la enseñanza y el tiempo en tarea de los estudiantes. Para sostener los resultados una vez terminado el diplomado, la iniciativa busca instalar la mentoría en la planificación del establecimiento y la autonomía del mentor. El programa está documentado en un Manual Maestro y en una guía para el mentor, incorpora una herramienta de inteligencia artificial desarrollada para apoyar la observación y retroalimentación de videos de clases, y desde 2026 colabora con la Agencia de Calidad de la Educación sobre el uso de la plataforma Enfoque Docente.
El diseño del Diplomado se basa en la literatura que muestra que la mentoría es una herramienta efectiva para la retención docente, la mejora de las prácticas de enseñanza y el logro de los estudiantes. La revisión de Ingersoll y Strong (2011) concluye que los programas de inducción y mentoría para docentes principiantes tienen efectos positivos en estas tres dimensiones, y el estudio de Rockoff (2008) muestra que una mayor cantidad de horas de mentoría se asocia a mejores resultados de los estudiantes.
La iniciativa incorpora además evidencia más reciente sobre las competencias que caracterizan a un mentor efectivo (Wang, Husu y Toom, 2024), que orienta el foco del programa en la formación de los propios mentores. También considera un estudio sobre un programa de formación de mentores similar en Nueva Zelanda (Thornton, 2025), que reporta mejoras en la seguridad y la competencia percibida de los mentores, aunque difiere del Diplomado en diseño, dosis y duración.
La práctica de observación de clases y retroalimentación, núcleo del modelo, se apoya en el enfoque de Paul Bambrick-Santoyo sobre observación estructurada y retroalimentación continua, y en el de Elena Aguilar sobre una mentoría basada en la empatía y el respeto mutuo entre mentor y docente. El diseño también considera la política pública nacional de inducción y mentoría, que establece la formación de duplas entre docentes mentores y docentes principiantes.
El Diplomado se implementa de manera continua desde 2019, con una cohorte anual y una tasa de aprobación acumulada de 83,7%. La Fundación monitorea cada cohorte mediante asistencia, notas, cumplimiento de los ciclos de Observación y Retroalimentación grabados en video y encuestas de satisfacción.
El programa cuenta con dos evaluaciones externas. Un estudio de la Pontificia Universidad Católica (Silva, 2025) muestra que el 76,6% de los egresados siguió realizando mentorías después del diplomado y que el 47,4% ejerció como mentor por primera vez a partir del programa. Un estudio de caso del CEPPE UC (Cabezas, Figueroa y Pereira, 2021) encontró que el 92% de los participantes declaró haber aprendido habilidades para desarrollar capacidades en otros docentes, junto con un cambio favorable en su percepción de la observación entre pares.
La satisfacción de los participantes es alta: un NPS de 68,9 en la evaluación de la PUC (egresados) y de 82,5 en los reportes internos (257 registros entre 2023 y 2025 mientras cursaban el programa). Los egresados provienen de 16 regiones y de establecimientos de distintas dependencias, el 98% de ellos con un índice de vulnerabilidad superior a 60%. Las evaluaciones disponibles no permiten aún establecer causalidad ni estimar el tamaño del efecto sobre los aprendizajes.